Julio 10, 2014 - 2:00pm
- 10/07/2014 0 comentarios | | |

El 26 corre por sus venas

Nelson Santos Ferro, Marcos González García, Eldo Santos Soler y Víctor José Páez integraron una de las células del Movimiento Revolucionario 26 de Julio creada en San Cristóbal, para la lucha clandestina que se gestó a partir del Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952
Yuniel Labacena Romero yuniellabacena@gmail.com

Risueños, conversadores, optimistas… Sus ojos parecen robados al mar, y sus cabellos se han tornado color de nieve. Los observo con detenimiento y, aunque no sean iguales a los jóvenes de hoy, se les nota el orgullo cuando conversan sobre sus hazañas.

Junto a mí unos hombres que han dejado de ser aquellos muchachos, a quienes era imposible seguir en los años del batallar incesante por cambiar el escenario del país, reflejo de una caricatura de República y en los tiempos de una Cuba que pasó a ser víctima del voraz imperialismo.

Nelson Santos Ferro, Marcos González García, Eldo Santos Soler y Víctor José Páez integraron una de las células del Movimiento Revolucionario 26 de Julio creada en San Cristóbal, para la lucha clandestina que se gestó a partir del Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952.

Hablan pausadamente para hilvanar cada tema de esa historia. Nelson lleva las riendas del diálogo. Recuerda que fue en 1952 cuando se creó la primera célula del Movimiento en la zona, tras una reunión de la Juventud Ortodoxa con Abel Santamaría, quien habló de la situación política de Cuba y manifestó que a Batista había que tumbarlo con las armas.

Aunque el municipio no tuvo participación directa en las acciones del 26, la conmoción revolucionaria habitó en sus pobladores, rememora: con esa idea el Movimiento creció y se fundaron nuevas células. A finales de 1957 Nelson y sus compañeros integraron una, coordinada por Guillermo Castillo Peguero.

“Fuimos citados por Guillermo a la casa de Cuyo; ahí nos comunicó cómo y con quien quedaba conformada. Esta célula era de acción y sabotaje, y mantuvo vivo el espíritu de rebeldía de los pobladores hasta el triunfo revolucionario. Su vida más activa fue en la preparación de la Huelga General del 9 de abril de 1958”.

Marcos, Eldo y Víctor recuerdan entre sus misiones actividades de propaganda, pintura de letreros y volantes, colocación de las banderas cubana y del 26 de Julio, la explosión de petardos… en el parque central, en la base de taxis, en el cine, en los edificios, en cualquier sitio donde estuviera la tiranía.

Por eso no sorprende encontrarlos detenidos muchas veces en el cuartel de la Guardia Rural, o ver a los batistianos corriendo tras ellos para caerles a latigazos; en otros casos, ellos esperando altas horas de la noche para llegar a sus casas o ejecutar osadas acciones ante la situación que vivían los sancristobalenses.

“Alegría, abrazos, besos, un ritmo inconcebible… no solo de nosotros sino también de algunos guardias de la Policía”, así describe Marcos la noticia del triunfo de la Revolución. Su compañero Víctor asiente con la cabeza, y afirma cuán orgulloso se siente de pertenecer a la célula. “Estoy orgulloso, sobre todo porque se eliminó el racismo del cual fui víctima”, dice y señala su rostro sonriente.

“No podía creer la reseña que escuché aquel día por la radio: en esa victoria estaban mis años de lucha”, señala satisfecho Eldo.

Y Nelson interrumpe: “La unidad que nos caracterizó fue aliciente para ese resultado. Aquí estamos construyendo también esta nueva historia de la Patria. La alborada de enero es incomparable a tantos deseos de amor, libertad y ansias de justicia”.

 

Dispuestos a cumplir

Desde fines de diciembre de 1952 al 26 de julio de 1953, en San Cristóbal se fundaron siete células. Incluyendo la célula central, el número de miembros osciló entre 45 y 50. Grato fue recibir a fines de febrero de 1953 la visita de Fidel Castro, principal gestor del 26 de Julio, quien se reunió con varios de sus integrantes en el territorio.

Sobre las 10:00 de la noche llegó el joven abogado a la zona. En el Envasadero Escogida, situado en la calle Céspedes (hoy taller de taxis), se realizó la reunión, que duró casi dos horas: explicó el significado de la Revolución que se gestaba, y precisó orientaciones para la preparación de los hombres y el rigor del Movimiento.

Después de aquel encuentro las células sancristobalenses se fortalecieron dispuestas a cumplir cualquier tarea. No ser elegidos para ir al Moncada no fue a causa de falta de organización, combatividad o adiestramiento, sino a razones geográficas, pues se recurrió a las células de los lugares más cercanos a La Habana.

Vale destacar también que a finales de 1954, enviados por Melba Hernández, llegaron los primeros ejemplares de La historia me absolverá a San Cristóbal. Eran pocos. Los trajo un compañero que no se ha podido precisar, y se los entregó al revolucionario Pedro M Rodríguez de la Vega.  El segundo grupo, mimeografiado, fue traído desde Pinar del Río.

Los hijos de este pueblo, fundamentalmente de la Juventud y el Partido Ortodoxo, hicieron suyo el llamado de Fidel de “no dejar morir al Apóstol en el año de su centenario”, y se sumaron activamente a la gesta emancipadora, desde las células del Movimiento Revolucionario 26 de Julio en la lucha clandestina.

Julio 10, 2014 - 2:00pm
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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