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- 23/11/2017 0 comentarios | | |

Los 104 de Santa

Entre familiares y amigos, la artemiseña Santa María Contreras festejó sus 104 años y nos develó detalles de su curiosa vida.
Myrla Pizarro de la Uz myrla@artemisa.cip.cu

-¿Y, por fin, cuántos años cumple usted, Santa?

-¡Ay, hija, y tú crees que si te lo digo me creas!

-Pruebe, tal vez, me imagino.

-104, nada menos que 104.

Así fue como me pude acercar, sin identificarme como periodista, pues se negó a recibir a la prensa y les advirtió a todos que “estoy muy vieja pa’ tanta foto”.

Una de sus sobrinas me presentó como nuera, y justificó las fotos como si fueran para mandárselas a su hijo, de misión en Venezuela. ¡Tremendo enredo! Al principio se lo creyó.

Las preguntas se las decía a alguien de la familia, y ellos se las hacían a Santa María Contreras.

Aquella casa estaba repleta de gente, con un “entra y sale” sin fin, de familiares de sus seis hermanos, casi todos los hijos, los cuatro hijos de ella, nueve nietos, ocho bisnietos, amigos y vecinos, todos con un presentico para Santa, en el cual no podían faltar los caramelos.

Ella nació en San Luis, Pinar del Río. Luego de un tiempo se mudó para Artemisa, en la época del machadato, y según sus palabras le dio la vuelta al pueblo como un trompo. Laboró en lo que aparecía, pero nunca estuvo ociosa.

“No tengo sangre para permanecer quieta, ni después de vieja. Lo mismo trabajé en la fábrica de conservas, que en el picadero de tabaco en Las Cañas —no sé si exista todavía—, y como enfermera. También cosía, pasaba la mano… de todo”.

Santa recitó una carta larguísima en forma de poesía, y declamó hasta con la entonación necesaria y sin perder una estrofa o el hilo del tema. A continuación se quedó un poco callada y quieta, para recobrar el aliento.

Lee los periódicos en voz alta, no se pierde el noticiero por nada del mundo, e incluso comenta sobre la actualidad con los vecinos. “Los gringos no descansan; mira lo que están haciendo ahora, no sé cuándo se van a dar por vencidos”. Tampoco olvida un rostro o un nombre. ¡Vaya 104 años! 

Estaba sentada muy tranquila en un sillón de caoba con respaldo y asiento de pajilla, colocado al lado de la puerta abierta de la sala de su casa. Yo la veía acariciar un pañuelito que escondía debajo de su pierna derecha y que apresaba entre las yemas del pulgar y el índice, para limpiarse cuando comiera algo.

Rodeada de toda la familia y con un cake bien adornado, le cantaron felicidades y Santa apagó las velas, cogió uno de los vasos de la mesita del frente, y se empinó un buchito de vino. Parecía que la felicidad sí tuviese nombre, y ese día primero de noviembre fuera el de ella.

Cuenta una de sus nietas que hacía los relatos de su juventud en las noches de apagones, y que le gustaba presumir de su larga cabellera negra crespa y les daba consejos a las muchachitas para que no se maquillaran tanto, que ella casi nunca lo hacía, solo en cuestiones de hospital, y mira qué bien se conservaba.

Al instante llegó una vecina y enseguida le empezó a preguntar por los novios, y si fue muy enamorada cuando joven. Pensé una respuesta diferente; en cambio, Santa tenía un truco bajo la manga.

“Imagínate si lo de los hombres conmigo es mucho, que por aquí vive un trigueño hermoso que está perdido de enamorado atrás de mí, con esposa y todo, y viene a verme casi todos los días: se llama Rubén. Ya me daba pena porque, figúrate, pero por no hacerle el desprecio ni la mala acción, terminé diciéndole que sí. Es oriental, muy atractivo…, ellos son fogosos”.

Todos se quedaron abismados. Santa no es tan santa: es candela; ese espíritu cegador que tiene daba ejemplo a muchos de los presentes.

10:15 am.
- 21/04/2014 0 comentarios | |

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