Cuando Randiel Pérez Iglesias crecía en el vientre de su madre todo aparentemente iba bien. No fue hasta su nacimiento que los médicos le diagnosticaron el síndrome corazón-mano, un grupo de trastornos congénitos caracterizados por malformaciones de las extremidades superiores y el corazón.
Tras conocer la inesperada noticia, comenzaron las preocupaciones
sobre el estado de salud del pequeño, y las posibilidades de vida. Siempre fue esperado, con total cariño y afectos como sus hermanos mayores, sin embargo, el cuidado no sería igual: requería más tiempo, atenciones… empatía. Debía sentir el calor humano que no siempre es igual en estas historias para que la enfermedad no incida en su desarrollo psicosocial.
“Pasaron los meses y el niño no salía de los hospitales por fiebres, erupciones en la piel, falta de apetito y apenas bebía agua. No me gustaba ver aquello siendo tan pequeño, entonces decidí traerlo para mi casa, después de convencer a su madre e imponer algunas razones al respecto”, rememora Silvia Fajardo Martínez, su abuela de 58 años.
“Ya era muy duro lo que se estaba viviendo. Pasó a atenderse directamente en las consultas de genética por seis meses, se le realizaron pruebas y los médicos coincidieron en que la afección en su corazón no era considerable, a diferencia de otros pacientes.
“Su madre quiso volver a unir a sus hijos, como es lógico, pero Randiel volvía a enfermar y no hubo opción: debía permanecer bajo nuestro cuidado. Jamás prohibimos que se relacionaran y compartieran tiempo juntos; ellos se llaman, visitan lugares y mantienen excelentes relaciones. También insistimos en la idea de que su madre no lo abandonó por su condición física, fue un consenso a favor de su salud, y él lo comprende.
“A mí me costó quedarme con él. Fue un proceso que no requirió trámites legales, no obstante, cambiaron las rutinas en el hogar. Dejé mi centro
laboral para dedicarme a él; a su escuela, consultas médicas, de forma financiera y espiritual.
“Él de alguna manera nos ha devuelto las fuerzas. Es sociable e inteligente -como lo queríamos- sin complejos, educado en la modestia y la sencillez. A veces no podemos cumplir todos sus sueños, pero tratamos, entre tantas necesidades, de suplir con ternura cada esperanza de su corazón.
“Salimos a jugar juntos. Si desea fútbol nos vamos al estadio. Dibujamos, lavamos la ropa, miramos muñequitos, recogemos el patio, plantamos y estudiamos muchas matemáticas pues es su asignatura preferida”, añadió.
El amor que todo lo puede
Randiel ve a su abuela como su mamá. Al preguntarle sobre sus sentimientos nos cuenta que “son imposibles de expresar pues siempre le acompaña y le hace feliz”. Ello sin dudas habla de la relación entre ambos, capaz de aportar beneficios en las habilidades cognitivas, la autoestima y el aumento de la esperanza de vida.

Sueña convertirse en chef para preparar los más diversos y exquisitos platos de la cocina cubana e internacional. Con el dinero que recaude ayudar a las personas en igual condición, y mejorar el estado de la carretera o eliminar el basurero que unos cuantos han decidido ubicar a pocos metros de su hogar.
“A veces el niño nos hace muchas preguntas que no sabemos responder”, precisó la abuela.
“¿Por qué tengo las manos así? ¿Por qué no soy como los demás niños? Y yo le digo que sí es como los demás; lo mismo que hace uno con sus diez dedos, él lo logra con siete.
“Uno se siente bien al saber que es capaz de comprender que no tiene diferencias, es un ser humano y somos portadores de una vida humilde, sencilla pero común como cualquier otra. Tiene amigos, tanto niños como adultos, y le seguimos ayudando porque no tiene plena capacidad para todo. Por ejemplo, los botones del short de la escuela los sustituimos con pegatinas y eso ha contribuido a su independencia.
“No me preocupa el día que yo no esté, y aunque a veces me pongo a pensar en ello nos satisface saber que preparamos al niño para el futuro. Sabe lavar, preparar su merienda, cepillar sus dientes, nos ayuda en la cocina bajo atención, escribe, sabe diferenciar lo correcto de lo incorrecto, y por sobre todas las cosas, ama a su mamá y sus hermanos”.
Recientemente Randiel comenzó el tercer grado en la escuela primaria Maria Cristina Aguilar de Guanajay. Allí según su directora Yoarlen del Valle
Loyola se relaciona en un ambiente muy favorable, gracias a la experiencia que ha tenido la institución educativa en el trabajo con niños en condiciones de discapacidad.
“Es un excelente alumno, con una expresión oral brillante, así como su
caligrafía, ortografía y desempeño en el resto de las asignaturas. Su abuela es guía indiscutible, y a quien debe en gran medida lo alcanzado. Nuestros vínculos persisten para el bien del menor, y creo que esta es otro tipo de familia, que también impacta en la sociedad cubana”, añadió Yoarlen.
Abuelos… ¿otro tipo de familia?

En entrevista ofrecida a nuestro semanario el MSc. Yuliesky Amador Echevarría, miembro del Proyecto Justicia en clave de Género, de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, y del equipo de capacitadores nacionales en los temas del Proyecto del Código de las Familias explicó que “el reconocimiento de los abuelos y los vínculos que se establecen entre ellos y los nietos suelen estar en gran medida determinados por las actitudes de los padres.
“La actual versión que hoy se discute en los barrios cubanos establece que los abuelos necesitan y tienen derecho a estar con sus nietos, a disfrutar de
su compañía y presencia física.
“En el caso de Randiel su abuela, aunque fue consensuado con su madre, tendría -si se aprobara el Código de las Familias- alguna preferencia para la delegación del ejercicio de la responsabilidad parental a partir de las razones que obligan al menor permanecer bajo su cuidado. Ahí también contaría el interés del pequeño, del que no existen dudas porque el mismo lo manifiesta.
“Si algo gratificante tiene este proyecto está en la deuda histórica que salda con las abuelas y abuelos, y su importante papel dentro del grupo
familiar como se ha explicado en reiteradas ocasiones.
“Randiel encontró en ellos apoyo físico, afectivo e influencias afines que repercuten en su crecimiento y desarrollo plenos”, concluyó.
Que este niño se mantenga sano evidencia la efectividad de permanecer bajo la guarda de sus abuelos maternos. Próximamente retomará los ciclos de visitas al médico para chequear su salud, hasta el momento favorable.
Escucharlo hablar sobre las personas con las que convive nos permite entender cuán diversa es la Cuba de estos tiempos, y resalta el indiscutible amor de quienes sirven de refugio a niños especiales.
Solo así, un poco desigual a la norma, se nos demuestra que ser diferente en ciertas circunstancias, es un superpoder. Randiel no lamenta las ausencias, despierta cada mañana convencido de la necesidad de tener abuelos para aprender, echar la mirada atrás y ver con perspectiva hacia el futuro.