¿Amanda o Clarita? Ya sabremos.
A esta actriz, radicada en Bauta y salvada por el arte, le unen fuertes lazos con la Villa Roja, ese hogar eterno al que siempre habrá de regresar, porque aquí está la gente que quiere desde lo más hondo de su ser
De la recién concluida telenovela Entrega se pueden destacar valores y personajes formidables. Entre las satisfacciones que nos dejan 72 capítulos aparece una artemiseña entregada hasta la médula en el rol de Amanda, la hija de Gladys Acevedo (Nancy González).
Clara González García, o simplemente Clarita, a quien esta reportera había perdido la pista hace años, confesó que del personaje había disfrutado en especial “su transformación: de una conducta hostil hacia la familia y la sociedad, cambió tras la muerte de su madre, y decidió asumir la vida más positiva”.
Entre correos electrónicos, mensajes y llamadas telefónicas, nació este intercambio con la joven actriz y mamá del pequeño Marcel de Jesús, “el mayor regalo que me vuelve fuerte e invencible”. En unas cuantas líneas intentemos conocer mejor la luz de Clarita, llena de aspiraciones y remembranzas atadas a su tierra.

¿Qué tanto hay de Clarita en Amanda, y viceversa?
Fue de las primeras preguntas que me hice cuando leí el guion. Intenté encontrar semejanzas entre ambas y, aunque tenemos puntos de contacto, no nos parecemos: Amanda es de armas tomar, muy pícara, vivaracha.
En cambio, llegó un momento en que me enfoqué más en verla como un ser humano, con sus necesidades, deseos, miedos, defectos, y lo que yo debía hacer por ella como actriz. Dejé de pensar en nuestras diferencias o similitudes. Le hice su historia personal, su biografía, algo fundamental con los personajes: mi acercamiento a su esencia.
También me ayudó la película norteamericana La fuerza del cariño, interpretada por Shirley MacLaine y Debra Winger. Doimeadiós nos habló de ese referente en los ensayos, y lo tuve en cuenta durante el rodaje, pues de alguna manera sentimos que nos aproximaba a la relación entre Amanda y su mamá en momentos de la enfermedad.
¿Cómo ha sido la reacción del público hacia el personaje?
Muy hermosa. Las personas están felices; agradezco tanto cariño. Algunos elogian el trabajo y desean bendiciones; otros, como un señor, me detienen deseosos de compartir fotos, pues afirman que les gustó mucho el bofetón que le di a Ileana (Ariadna Núñez).
Las reacciones han sido diversas, y eso satisface a los actores. Para nosotros resulta un placer regalar esta telenovela al pueblo, al tiempo que es también para ellos un obsequio haberla disfrutado. A diario recibimos el amor de la gente. Me siento orgullosa de cuantos se han acercado, porque percibo el impacto de nuestra labor.
El público es bien sincero, y en la calle afirman que Entrega ha dejado un nivel alto en la calidad de la telenovela cubana. De ese modo tienen esperanza en que las próximas desborden la misma pasión.
¿Y la relación con el resto de los actores?
Con Ariadna Núñez coincidí hace diez años en Mucho ruido, y no habíamos vuelto a compartir, por lo que estábamos felices, ahora en ese intercambio marcado por la envidia.
Debo destacar la escena de la “galleta”. Los directores nos pidieron que fuera intensa, al tener en cuenta el estado de ánimo de una persona que acaba de perder a su madre. Muchos me preguntan si fue de verdad, y sí lo fue físicamente, pero no en mis sentimientos: después la abrazaba y le pedía perdón.
De la bayamesa Yudexi de la Torre, responsable de encarnar a Hortensia, descubrí su ternura. Nos quedamos en una habitación en la Escuela Nacional de Arte (ENA) donde preparábamos nuestros roles. Cultivamos una hermosa amistad, que continúa.
Tampoco había trabajado con Alberto González, quien interpreta a Javier. Compartimos momentos muy íntimos, siempre desde el respeto y la concentración. En varias ocasiones, sobre todo cuando tuvimos que filmar en su casa, nos reuníamos para idear propuestas que después presentábamos a los directores.
Y quedé impresionada al conocer a Nancy González, tan bella, silenciosa, imponente. Si bien no ensayábamos demasiado, se hacía la magia en el momento de filmar. En general, entablé lazos de afecto con todos los que intercambié.
Tenemos avidez de disfrutarte más en la pequeña pantalla, ¿será pronto?
Me quedaron deseos de seguir frente a la cámara, pues me he desenvuelto más en el teatro, pero es tan maravilloso abrir el alma y hacer fluir los sentimientos. Para el verano hice un Tras la huella con un personaje chiquito y muy diferente al de Amanda.
Ahora estoy involucrada de nuevo en el teatro, con el pelo teñido de naranja; parezco un rayo encendido, jajaja.
La televisión ha sido una escuela y quiero seguir aprendiendo, de igual modo en el cine: ese es un sueño que aún no me ha tocado, mas, tengo fe.
Desde mi graduación de la ENA, en 2008, pertenezco a la compañía El Público, con Carlos Díaz, mientras estudio en el Instituto Superior de Arte. Hemos hecho disímiles personajes, desde una pequeña niña parecida a Pilar en la obra Noche de Reyes, de William Shakespeare, hasta una anciana de 65 años, madre de la gran Petra Von Kant, en la obra alemana Las amargas lágrimas de Petra Von Kant.
Precisamente en ese país trabajé casi un año; llevé a las tablas varias obras, entre ellas un espectáculo de 20 canciones llamado La noche cubana, que me hacía sentir como en casa.
Carlos me habla fuerte cuando me pierdo, pero sé que detrás de su mirada existe confianza. El teatro es mi pasión, mi refugio; ese espacio salva, limpia y recarga mi alma.
Es algo que siempre estará en mí. He vivido en él, literalmente; amo el olor a madera antigua y vestuarios llenos de polvo y energía. Eso me busca siempre por sobre todas las cosas, y me dejo encontrar.
¿Qué huellas dejó Artemisa en ti?
Artemisa es mí raíz, el arte y la misa que me corre por las venas. Recuerdo la infancia junto a mi abuelo, con su carretón de tomates y sus maníes calenticos, mi primaria Ramón Mordoche y las canciones que allí aprendí. Nunca olvido a la maestra María Elena, ni a Dania Echenique, bibliotecaria en la ESBU Manuel Valdés.
Jamás me desprenderé del personaje de Angerona, diosa del silencio y la fertilidad de los campos, que asumí con tanto respeto en aquella época.
Rememoro la actuación en Radio Artemisa, así como las divertidas y enriquecedoras experiencias al lado de Idania, Yusiván, Danielys, Hamlet…
Artemisa es mi hogar eterno, al cual siempre hay que regresar porque está toda la gente que quiero desde mi ser.
Si tengo el bichito de la actuación desde pequeña, fue porque mi imaginación se fertilizó entre las canciones de mis tías y los matutinos y actividades de la escuela.
Ahí radica el primer paso de este impulso que ha crecido sin presión ni desespero. Nací para esto, lo tengo muy claro. Quiero actuar para contribuir con la sociedad y el mundo; forma parte de una misión en la vida.




