Las plantas son capaces de proveernos de casi todas las vitaminas y nutrientes que necesitamos para estar saludables, o al menos más fuertes a la hora de hacer frente a enfermedades. Bien lo sabe Hugo Marcelino Oliva Díaz, un científico güireño dedicado, sobre todo en los últimos años, a estudiar y difundir las propiedades de la acerola, marcadamente la fruta que más vitamina C aporta.
Mucho ha hecho desde su puesto en la Unidad Científico Tecnológica de Base (UCTB) Frutales, ubicada en Alquízar, el hoy Máster en Ciencias Biológicas. Destacan entre sus aportes la producción de papaína a partir del látex o leche de la papaya o fruta bomba, un producto empleado en varias industrias y que sustituye importaciones.
De la impronta investigativa de este güireño también derivó el Bibut, un líquido enraizador que acelera la producción de plantas por esquejes, se usa en todo el país y está a la venta en el propio centro.
Pero su gran orgullo es la acerola, fruto muy parecido a la cereza y originario de Centroamérica. “Se dice fue introducida en Cuba procedente de la Florida, en el siglo XVIII, como planta de patio”, refiere quien comenzó a estudiarla junto al Doctor Eduardo Frómeta, en 1996.
Desde entonces comenzó la batalla por fomentar su cultivo y socializar las ventajas de consumirla, ya sea en forma natural o en las múltiples variantes de empleo, tanto en jugos como en dulces.
A tal empeño, dijo, se sumaron el ya fallecido Doctor Adolfo Rodríguez Nodals, quien al frente del Grupo Nacional de la Agricultura Urbana y Suburbana promovió la siembra de la planta en toda Cuba. “Incluso el propio líder histórico de la Revolución, Fidel Castro, impulsó su cultivo”.
Pese a las probadas ventajas de la acerola, siente (y le asiste la razón) que este fruto no ha sido aprovechado como es debido. “Aun cuando se ha diseminado su cultivo por todo el país, las industrias y los productores no han entrelazado intereses para elaborar cuanto puede derivarse de este, como jugos, jaleas, dulces y otros de elevado valor nutricional.
“La vitamina C o ácido ascórbico es una vitamina muy necesaria en la formación de los vasos sanguíneos, cartílagos, músculos y el colágeno en los huesos. Resulta vital en los procesos de curación de enfermedades; de ahí la necesidad de incorporarla en las dietas”, asegura.
“Es un antioxidante que protege a las células frente a los efectos de los radicales libres, lo cual disminuye las posibilidades de desarrollar un grupo considerable de enfermedades mortales”.
Los premios y reconocimientos de Hugo no son comparables con la satisfacción de haber puesto un granito de arena en el aumento del consumo de jugos naturales y otros derivados de las frutas.
Habla con orgullo del vínculo de la UCTB con productores como Moisés López, referente en la conservación de pulpas de frutas para vender todo el año.
Pero no considera que ha hecho nada extraordinario, aun cuando quienes le conocen consideran lo contrario.
“Solo pongo mi conocimiento en bien de los demás, sin ánimo de lucro y sí con la idea de que cada día nos alimentemos mejor y seamos también soberanos en términos alimentarios. Tierras fértiles y conocimientos tenemos para lograrlo”.
En esa misma línea trabaja ahora como asesor técnico provincial del cultivo de la papaya, en el proyecto Agrofrutales, que fomenta el cultivo de esa especie y las alternativas de conservación en minindustrias.
Asimismo, labora en el proyecto de prácticas agroecológicas de la UCTB y en otros, de conjunto con el Citma, para la socialización de frutales en nuestra provincia.